// Muestra | “El sonido recobrado” de Albertina Carri

El miércoles 4 de mayo a las 19.30 hs. la guionista y directora Albertina Carri presenta "El sonido recobrado", una serie de instalaciones visuales y sonoras sobre la memoria que transforman las experiencias traumáticas en poderosos registros sensibles.

En esta oportunidad, la muestra se compone de dos instalaciones: “Cine puro” y “El punto impropio”.

“Cine puro” es una videoinstalación que proyecta –en medio de una especie de cueva gigante hecha de rollos de películas– un rollo que estaba olvidado en un galpón. Este material muestra rastros de hongos y otras formas orgánicas, abstracciones diversas rayanas en el blanco. Esta obra proyecta su destino de abandono y recuperación; en definitiva, la acción de los hombres en sus versiones destructora/redentora.

“El punto impropio” en esta instalación Albertina Carri lee las cartas que les envió su madre, Ana María Caruso, a sus tres hijas durante el año en el que ella y su marido estuvieron en cautiverio, antes de desaparecer. La sala está casi a oscuras, solo se ve el nombre de Ana María y las texturas del papel y la tinta a través de un microscopio. Las cartas revelan el triunfo del ejercicio de una maternidad a distancia, el vínculo cotidiano y efectivo, sin interrupción, de los deberes, las indicaciones y los festejos de una madre en los asuntos de sus tres hijas (“Albertina, ¿vas a ir a aprender a nadar?”, “Estuve pensando en libros para que lean, los pueden ir comprando de a poco”, “¿Por qué no vas al campo con una amiguita así se divierten?”). Las preguntas aparecen como un golpe constante, como si las cartas reclamaran no solo el contacto sino la continuidad de un presente.

El Sonido Recobrado es un intento proustiano de recuperar eso que se escurrió en los pliegues del tiempo. Mi madre fue una persona extraordinaria, proveniente de una familia plebeya, rompió todos los pronósticos llegando a la universidad e interesándose por una materia como la literatura. Es muy conmovedor en sus cartas esa doble pertenencia, por un lado leía obras en Latín y discutía con la crítica literaria de la época a la que ella consideraba vetusta, y por otro lado una preocupación por el mundo más llano, los perfumes, las cremas, los gastos que implican un viaje en colectivo, la importancia que le da a un collar de perlas.
Dicen algunas lenguas que mi nombre viene de Proust pero también se que mi madre militó durante un tiempo, que ahora parece poco pero que en su momento fue mucho, en Villa Albertina. Creo saber al día de hoy que mi nombre viene de ambas pasiones, un cruce monstruoso entre la alta y la baja cultura.
La osadía privilegiada que me heredó al nombrarme es lo que recobré al escuchar aquello que estaba obliterado.
La experiencia de olvidar. Durante 36 años recordé la escena del secuestro sin sonido pero nunca noté que esa escena que siempre describí sin miedo era muda, solo lo noté el día que de pronto, de un momento a otro, escuché las frenadas de los autos y el corazón se me aceleró como si los autos vinieran hacia mi en ese mismo momento. Estaba sola, en mi casa, leyendo a Sebald, estaba en mi presente mullido y acogedor y aparecieron unos motores acelerando, chirridos de llantas contra el asfalto, miles de tacos de botas sonando contra el pavimento, era tan nítido el sonido del taco que se apoya, que se arrastra sobre el pedregullo, que me daba la sensación de que estaban rasguñando esa vereda para siempre. Esa calle ya no sería la misma, pero yo lo supe mucho tiempo después, 36 años más tarde de lo ocurrido.
Recuperar el sonido significó recuperar la experiencia de miedo y terror que viví en ese momento, a mi el secuestro de mis padres, en el cual estuve presente, no me provocaba siquiera angustia, recordarlo era como pasar un guión escrito por otro, lo conté mil veces, en situaciones diversas de mayor y menor intimidad; nunca sentí espanto al contarlo e incluso sentía que mis diferentes oyentes sobreactuaban un poquito al escuchar mi relato, que de tantas veces repetirlo, para mi ya no significaba nada y para el escucha de turno era tan espeluznante imaginarse a esa niña en medio de esa situación. Sin embargo con el sonido no solo pude ubicar el terror en su lugar, porque el miedo que experimenté en esa escena habitaba en alguna parte de mi, disociado y por lo tanto sin explicación, como un animal que herido por un cazador furtivo queda agazapado en una cueva y cualquier sonido externo lo hace atacar sin razón. Con el sonido no solo pude poner la turbación, la desconfianza y el pánico en su lugar, con el sonido vino el tiempo, durante años imaginé la escena como si hubiese sucedido en apenas unos minutos, y al escucharla me di cuenta que estuve horas en la calle en manos de unos tipos que aun no se qué hicieron conmigo. Y con el tiempo también vino el cine, la imagen tiempo, el sonido tiempo, la ilusión de contar el tiempo cuando las cosas se mueven, pasan a 24 cuadros por segundo, un juego óptico y a la vez emocional que sostiene la metáfora del tiempo. / Albertina Carri

Apertura: miércoles 4  de mayo, 19.30 hs.
Visitas: hasta el domingo 22 de mayo, de jueves a domingos de 16 a 20 hs.
Entrada libre y gratuita

Sobre Albertina Carri
Nació en 1973 y tenía apenas cuatro años cuando sus padres, el sociólogo Roberto Carri y la licenciada en Letras Ana María Caruso, militantes de la organización Montoneros, fueron secuestrados y llevados al campo de concentración que los militares apodaban sarcásticamente “el Sheraton” (un centro clandestino de detención que funcionaba en la comisaría de Villa Insuperable de Buenos Aires). Pese a que no hay información concreta sobre su paradero, motivo por el cual ambos integran las listas de desaparecidos durante la última dictadura, se supone que meses después de su arresto fueron fusilados
Entre 1991 y 1992 Albertina estudió en la Fundación Universidad del Cine, uno de los semilleros del denominado "Nuevo Cine Argentino". Luego de realizar varios cursos y talleres de perfeccionamiento, colaboró en rodajes de María Luisa Bemberg, Lita Stantic, Martín Rejtman y Eduardo Calcagno.
En 1999 debutó con No quiero volver a casa, film que participó en Viena, Rotterdam y Londres.
En 2001 fue uno de los trece directores de Historias de Argentina en vivo y en 2003 estrenó dos películas controvertidas: un corto de animación que fue censurado y Los rubios, en el que expone sus sentimientos ante la desaparición de sus padres durante la última dictadura militar argentina.
Los rubios fue estrenado comercialmente en Estados Unidos y España luego de recorrer los festivales de Locarno, Toronto, Gijón, Rótterdam y Goteborg, y recibió los premios Del Público y Mejor Película Argentina (BAFICI), Mejor Nuevo Director (Las Palmas – Canarias) y Mejor Película (L’alternative – Barcelona). También recibió tres premios Clarín: Mejor Actriz, Mejor Documental y Mejor Música. Esta película, según Julián Gorodischer, se define «como un reality show sobre la memoria». También se define como una película que marcó un antes y un después en la forma de representar a las víctimas del terrorismo de Estado.
Géminis, su tercer largometraje, fue presentado en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes y fue estrenado comercialmente a nivel nacional e internacional en el año 2005.
Su último largometraje, La Rabia, ha sido galardonado con dos premios FIPRESCI en La Habana y Transilvania; con la distinción a Mejor Director en el Festival de La Habana y las distinciones a Mejor Director y Mejor Actriz en el Festival de Monterrey.
En 2009 ganó el premio a la trayectoria Luna de Valencia, del festival Cinema Jove, realizado en la ciudad homónima.
En el año 2010 fundó, junto a la periodista Marta Dillon, la productora Torta, con la que realizó las series televisivas Visibles, La Bella Tarea y 23 Pares.
Durante el año 2011 Carri ha realizado Partes de lengua, una video-instalación para el Museo del Libro y de la Lengua; es una obra que reflexiona sobre la lengua materna como lengua de la conquista y la problemática que enfrenta el territorio argentino frente a las lenguas originarias, la tradición oral y la tradición escrita conviviendo en tensión.
Durante el año 2015 Carri montó la muestra Operación fracaso y el sonido recobrado, en el Parque de la Memoria de Buenos Aires,21 una muestra que constó de cinco videoinstalaciones, en diferentes formatos: sonoros, escultóricos y proyectados, que formaban un corpus reflexivo e intimista sobre la memoria y sus múltiples formas de ser invocada. La obra consistía en una experiencia audiovisual referida a la memoria, y que apuntaba a convertir las memorias de las experiencias traumáticas, sufridas por las víctimas del terrorismo de Estado, en una experiencia sensible.
Desde el año 2013 es la directora artística de Asterisco, un festival internacional de cine LGBTIQ, que se realiza durante una semana en la Ciudad de Buenos Aires.

 

Publicado el 25 de Abril de 2016

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